un amigo de los pci , un coronel de EA

Argentina: Alberto Fernández, contra la Hermandad de la Rosa; declaración de guerra al espionaje

En la que numerosos analistas políticos interpretan como el momento de mayor fragilidad...

En la que numerosos analistas políticos interpretan como el momento de mayor fragilidad de su gestión, el Presidente Alberto Angel Fernández ha decidido, en apariencia, embarcarse en una guerra sin cuartel contra los ecosistemas del espionaje civil y militar de la República Argentina. La maniobra cobró vigor a partir de la extendida y comentada filtración de las identidades de activos situados bajo el payroll de AFI (Agencia Federal de Investigaciones), en los albores de octubre. En el andarivel táctico, la información filtrada no solo involucra a agentes desplegados en regiones denominadas 'calientes' de Oriente Medio, sino también a otros que venían desempeñándose en la Triple Frontera (TBA), en distintas naciones de América Latina (muchos de aquéllos, convenientemente insertados en el áspero circuito del negocio de la droga), y en otras geografías que no sería conveniente mencionar al detalle.


Las responsabilidades políticas sobre este particular, que conducen directamente a la más desaprensiva e inédita violación de secretos -reprimida por legislación nacional-, ya han comenzado a ser achacadas no sólo al propio Fernández, sino también a la interventora en AFI, Cristina Caamaño, y a un nutrido coro de fiscales funcionarios judiciales abrazados al siempre vigente librillo de la persecución política, cuya retorcida perspectiva exige considerar la sentencia de muerte de activos extranjeros como una cuestión meramente circunstancial y poco digna de atención.



Para infortunio de los damnificados del Inframundo, Alberto Fernández también ha ingeniado un correlato militar para la destructiva mecánica perpetrada por su íntima Caamaño en AFI, y por sus socios políticos de este infértil 2020; y ese correlato no está exento de incoherencias. En tal sentido, y amén de haber procedido recientemente a enmendar la anomalía registrada en el abono de sumas fijas no remunerativas para el personal de las Fuerzas Armadas -llevadas a su máxima expresión por gentileza del viejo Decreto 1305/12-, por estas horas los Estados Mayores se rehúsan reconocer y aplicar las liquidaciones y el blanqueo que debieron beneficiar a elementos de inteligencia castrense en actividad. Conocedores periféricos del problema han exteriorizado que la autoría intelectual de la rebeldía remite, casi sin escalas, al Director de Inteligencia del Ejército ArgentinoCoronel Gabriel Pietronave, y al casi saliente Ministro de Defensa -protegido del Presidente Alberto FernándezAgustín RossiEl poco perspicaz Pietronave, en el ínterin, ya portaba consigo el poco honroso prontuario de haber dejado sin percibir sus salarios a los agentes activos, durante un lapso de noventa días. No conforme con ello, el mes de octubre lo sorprende planificando metodologías y protocolos desde los cuales eliminar de cuajo los suplementos salariales que se abonan a ese personal. Cierto expresionismo suburbano podrá ir anticipando lo obvio: habrá consecuencias.


Sin distinción de uniforme de paisano -sea civil o militar-, el albertocristinismo desprecia al espionaje -verdad evidente, si las hay. El resultado de fomentar esa tóxica interpretación ideológica no necesariamente podría conducir a un formato de represalias. Antes, bien; con un tórrido verano en el horizonte (en donde la variable no será la temperatura, precisamente), el Presidente de la Nación podría quedarse -de súbito- sin ojos, ni oídosO toparse (Dios no lo permita) con el refritado de poco confortables archivos que retozan en el baúl de los recuerdos.



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