Rincon del lector. Poesias, relatos, cuentos para regocijo del alma y la paz de los corazones

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  • 6 de 7

    mi corazón para toda la eternidad.

    Decir la verdad siendo honesto y respetando al otro. La dualidad es un rasgo característico del hombre, y en base a él, quiero entender lo que significa ser un hijo. Los valores inculcados a un niño, lo ayudaran a vivir con integridad, además de permitirle conocerse a sí mismo. 

    Después de transitar los pasos necesarios para encausar un destino, puedo decir sin temor a equivocarme, que se debe dar todo el corazón, ofreciendo su fuerza y energía cada día, para sacar adelante un hijo.

    Siempre estuve atento a los concejos vertidos por mi madre, y aunque no estuviera de acuerdo con su decir, jamás deje de respetar su autoridad. Los límites impuestos en el proceso formativo le dieron a mí ser, los fundamentos esenciales para trascender a una frontera final, donde está el fin de la humanidad.

    En la vida el pequeño se transforma en el padre, y llegado el momento se convierte en el abuelo. Todos son uno mismo, y están alcanzados por un ciclo, que es el proceso vital de una persona. 

    Nacemos, tenemos una infancia, una niñez, una adolescencia, y una adultez donde nos desarrollamos, luego llega la vejez donde fallecemos. Buscamos desde el nacimiento encontrar un sentido a nuestra propia vida. 

    El placer de gozar la existencia, no es la fuerza fundamental del hombre, ni tampoco de ser alguien en la sociedad, es la tendencia más importante del individuo. 

    Se puede vivir por ideales o inclusive morir por ellos, pero no se puede inventar el sentido de nuestro camino. A veces queremos escapar de una realidad, y la engañamos con el dinero, el sexo, la droga, el poder, o la actividad frenética. Hay una tensión entre el tedio y el deseo. “ ¿Vale la pena todo esto..? ”. Esa pregunta existencial, siempre asola al ser que busca encontrar la solución a sus dilemas.

    Siempre existe el más afortunado, que queda satisfecho de lo que es, y de lo que hace. Pero por lo general, todos ansiamos lograr algo más de lo que tenemos. Eso responde a una condición inacabada de búsqueda hacia lo pleno y perdurable.

    Hacemos demasiado énfasis en la realización del ser en el plano material, sin tener en consideración los diferentes planos dimensionales que atraviesan la estructura de la especie. No percibimos abrirnos a otros mundos que desconocemos, pero que están muy cerca de nosotros.

    Estamos limitados por nuestra propia mortalidad, que se acerca inexorablemente cada día, y que nos impide desarrollarnos más rápidamente. Es común escuchar decir, que la única forma de derrotar a la muerte, es perdurar en las memorias de aquellos que nos amaron y compartieron nuestras existencias, y que a la postre se convertirán en las generaciones futuras a poblar la tierra.

    Si la muerte es la última palabra en la vida del hombre, nada tiene sentido. No podemos ser un fósforo que se enciende y se consume en segundos. ¿De qué sirve una libertad, sin garantías de eternidad? Los planos dimensionales están estrechamente ligados por una fuerza inagotable que aglutina todo el universo, “El Amor”.

    Ser hijo me enseño a relacionarme con los demás, dentro de la comunidad y el mundo. Aprendí a buscar el bien común, utilizando las condiciones económicas, sociales y políticas, para favorecer una realización integral como persona. 

    Concebí una concepción desde una unidad indisoluble del cuerpo y el alma, para hacerle frente desde allí, a la muerte del cuerpo y la perduración de un alma inmortal. Cuando el hombre muere, solo lo hace en un sentido tridimensional, pero la vida continúa más allá de esa realidad. 

    Los frecuentes conflictos y malentendidos entre hijos y padres, deben dejar de ser como tales, en base al respeto y el amor incondicional. Es un esfuerzo conjunto que deben realizar todos los integrantes de una familia.

    Para sanar la relación, hace falta una conexión más cercana que los agrupe y les permita adaptarse a las nuevas realidades. Ceder cuando se piensa que tenemos la razón, propicia un nuevo enfoque, para establecer el dialogo y no fracturar la relación. Dejar el miedo atrás, que solo genera confusión, desconfianza y rechazo entre padres e hijos.

    Desde muy pequeños, los niños adquieren un vínculo afectivo, que jamás debe perderse, ya que en esta comunicación sana, reside el crecimiento y desarrollo de una persona.

    La labor de mi madre no fue fácil, ya que el trabajo no respondía a su exclusiva responsabilidad, sino que también, los hijos deben hacer el esfuerzo, y en mi caso no fue diferente. 

    Tener la mente abierta a los concejos y recordando que nadie es perfecto, hicieron madurar mis sentidos. Su perdón ante mis constantes errores, marcaron a fuego, la mejor enseñanza que alguien me pudiera brindar. En conclusión, esa sana relación, es la que necesita un hijo para trascender con éxito en el duro camino de la vida. 

    Cierro mis ojos, y el pasado me atrapa con sus copiosos recuerdos. El niño mira a su madre y busca en sus pupilas encontrar, la seguridad que necesita para sentirse feliz y sin miedo. Aun no llega a los dos años, y 

  • 7 de 7 final

    ya presiente que lejos de su ángel protector, la crueldad es más difícil de sobrellevar. Hace poco que se atrevió a caminar, y lo hace con cierta dificultad. Muchas veces rueda por el suelo, pero se levanta con una fuerza titánica y continua su marcha. Nunca está quieto y quiere tocar y mover cada cosa que ve a su alcance. Sonríe con la inocencia que solo los niños pueden poseer. A pesar de su corta edad cela con desvelo a su madre, y cada vez que alguien se le acerca o la abraza, llora con pasión y corre a su lado. No entiende de razones ni de lógica y solo piensa en ella. Por fin, el pequeño ya descansa plácidamente entre sus cálidos brazos, constituyendo un solo sentimiento. 

    Un corazón que aprendió a latir, dentro de un seno que lo cobijo, y que después de mucho tiempo, lo entrego a la paz y la esperanza del amor.

    Sin los hijos, la vida no tendría sustento y sería como ese puente que la corrosión de los años lo va destruyendo. Dentro del hombre yace lo peor y lo mejor de su esencia divina, y aunque no coincida en sus ideas, busca incansablemente encontrar esa única verdad que lo haga libre para siempre. 

    Por lo general, son más las incertidumbres que lo asolan que las certezas que lo gobiernan, pero dentro de ese margen de variables, desconoce el futuro y el tiempo que le queda. 

    Nada está determinado eternamente en esa frontera final, y al igual que los deseos y sueños, todo puede cambiar y transformarse en ese anhelo largamente añorado. “Ser hijo es amar la vida”

  • El pasado confunde mi alma

     

    Un amanecer cálido y bello

    bajo un silencio sepulcral

    cobijan todos mis sentidos

    que en la paz absoluta del alma

    me invitan a soñar despierto

     

    Tiempos aciagos me aguardan

    trayendo nubarrones de gris cenizas

    y un palpable miedo ancestral

    a sentir las tristezas y el murmullo

    de un pasado que retorna

     

    Encerrado en un laberinto infinito y fatal

    las certidumbres se hacen difusas

    y la alegría de la dicha alcanzada

    nos presenta una incógnita que llega

    para despojarnos del amor conseguido

     

    El corazón es un motor que late

    a los compases de un perpetuo desvelo

    que asolan sin cesar y con impiedad

    para lastimar cada día más y más

    como una tortura vacía y eterna

     

    Pero no todo está perdido

    y bajo un manto de ilusiones

    el niño dentro del hombre jamás claudica

    y busca en su inocencia encontrar

    las razones para seguir viviendo

  • REFLEXION OCULTA EN UN SUEÑO

    Cierro mis ojos y al entrar en el “Estado Alfa” nace el sueño embriagador que comienza a transformar al hombre común en un ser superior. Allí la felicidad extrema no es una “UTOPICA QUIMERA”, y si una fantástica realidad que al igual que pisar por primera vez una isla paradisiaca del Santorini o de Creta se siente llenar de alegría y éxtasis un corazón anhelante y palpitante de encontrar ese sueño añorado que lo haga existir.

    ¿Sera que el sueño es la verdadera vida?

    Al despertar todas las tristezas retornan con la impiedad de una actualidad que nos atropella con toda su furia y hace pedazos cada sentido dejándonos sin sonrisas y con una mueca de fastidio en nuestro rostro.

    El pecado de la materia va cercenando y aislando esa usina de luz que florece del alma, y casi sin darnos cuenta poco a poco las tinieblas de la maldad van atenuando ese faro que nos protege de las más oscuras tormentas.

    Así, el hombre se vuelve el peor esclavo de sus propias limitaciones, y las circunstancias no son casualidades, sino causalidades de sus acciones.

    Los niños nacen inocentes, pero al entrar en la adolescencia para luego pasar a la adultez, se produce en el “UNA METAMORFOSIS”, como si fuera una oruga que va mutando desde el huevo, larva, crisálida y mariposa.

    ¿Qué sucede en esa última etapa, donde al convertirse en adulto pierde gran parte de sus valores humanos que lo hicieran tan especial y divino?

    Un viejo ciclo queda atrás y el viejo deja la vida, dándole el espacio al joven nuevo que es un salto evolutivo de la especie ya que con cada comienzo se “”VUELVE A RENACER”.

    Ese eslabón perdido en la cadena de la sociedad se está convirtiendo en la famosa piedra en el zapato que no nos deja crecer y desarrollarnos como nación.

    La vida se vuelve “Una contradicción”, como la más cruel de las paradojas, y lo contrario a la lógica sucede.

    La rosa a punto de florecer y a asombrarnos con la belleza de su esencia fulgurante de colores y luces, se deshace ante unos azorados ojos que lloran al ver morir, “El fruto de la vida”.

    El futuro está en ellos y mientras no sepamos revertir el proceso destructivo de la propia sociedad, jamás podremos forjar un país con esperanzas, donde se promueva el amor, el servicio, la caridad y la misericordia hacia todos.

    El perdón existe, pero es muy difícil de otorgar.

    La vida no es un sueño, pero que bien se siente dentro de ese “PARAISO ETERNO”.

    “CIERRO MIS OJOS Y COMIENZO A SER FELIZ”

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