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Tema: Con actividades lícitas, nadie gana dinero en la Argentina

  1. #1
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    Con actividades lícitas, nadie gana dinero en la Argentina

    Pareciera que el Gobierno ha elegido favoritos y el resto somos entenados

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/472854-Co...tina.note.aspx

  2. #2
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    27.01.2019

    El presidente y su séquito, decidió cobrar retenciones al campo y dárselas parcialmente a las compañías petroleras en forma de subsidios.

    Es prácticamente imposible ganar dinero en la Argentina con actividades lícitas debido no sólo a los altos costos impositivos sino a todo tipo de restricciones burocráticas (permisos, habilitaciones, formularios, etc.).

    Esto corre tanto para grandes empresas, como para las medianas y pequeñas; incluye a comercios y profesionales. En resumen para todo aquél que no sea proveedor del Estado, no maneje una concesión del Estado o no tenga un cargo estatal jerárquico.

    Las grandes empresas, en particular las que se dedican a la elaboración de alimentos tanto para el mercado interno como para la exportación han tenido resultados difíciles durante el año 2018, ya sea por la retracción en las ventas o por la revaluación en pesos de sus deudas en divisa extranjera, luego de la brutal devaluación. Contrastan con los de las concesionarias del Estado, como Autopistas del Sol o Autopistas del Oeste con balances exuberantes presentados a la Bolsa.

    Pareciera que el actual Gobierno ha elegido favoritos y el resto somos entenados. Los preferidos son los bancos, las petroleras, las empresas de transporte de pasajeros y las concesionarias, en particular las del Club de la Obra Pública, que tiene a su cargo la red vial por peaje.

    PERSIANAS BAJAS

    Lo cierto es que los locales comerciales cierran.

    Cayeron las ventas mayoristas y minoristas, hay reducción de stocks. En un contexto de altas tasas de interés, si bien los empresarios no tienen deudas bancarias -deberían ser dementes o desesperados para tenerlas-, sí tienen deudas y créditos con otros empresarios de su propia cadena.

    Una alta tasa nominal sube el costo de tener tanto materia prima como productos terminados en los depósitos, por lo que las industrias prefieren reducir ambos. Todo esto provoca un espiral de retracción económica.

    El aumento de combustibles y tarifas provoca un alza de costos de las familias y las empresas.

    Esto pudo haber sido compensado por la clase política mediante la eliminación de todo tipo de impuesto sobre ambos, pero, curiosamente, la totalidad de los partidos políticos prefirieron no hacerlo. No mencionaron esa posibilidad. Ni siquiera los, supuestos, opositores acérrimos, enemigos íntimos de Unidad Ciudadana.

    Tal vez porque la totalidad de los políticos, cualquiera sea su posición de la boca para afuera, prefieren recaudar impuestos a aliviar la situación de la sociedad. Y los servicios públicos y el combustible son una fuente enorme y segura de dinero. De igual forma homogénea se comportan todos los medios socialdemócratas del país, que hacen alharaca con la suba de tarifas, pero muy excepcionalmente y en voz bajita, mencionan que los gastos en servicios se podrían reducir a la mitad si no se agregaran impuestos. La casta política se mueve en forma compacta. Para ello necesita un periodismo cómplice, con el que, indudablemente, cuenta.

    TARIFAZOS

    El impacto de la suba de tarifas fue severo sobre las empresas y las familias. En el caso de las empresas, afectó los costos. Los empresarios tomaron, según el caso, una de estas dos decisiones: o trasladaron el mayor costo a precio, y así afectaron (bajaron) su volumen de ventas; o bien, absorbieron parcial o totalmente el aumento, con lo cual menguaron sus márgenes de ganancias. En ambos casos, por reducción de ventas o de márgenes, tuvieron peores resultados económicos.

    En el caso de las familias, por ser los servicios un consumo no postergable (se podrá reducir parcialmente pero no suprimir), afectó la compra de otros bienes (ropa, gastronomía, entretenimientos, alimentos), lo que llevó a baja de ventas en otros rubros.

    El aumento de tarifas implicó mejora de los resultados de algunas de las empresas del sector y un aumento notorio de la recaudación fiscal. Según números oficiales de la AFIP, la recaudación sólo de diciembre 2018 por combustibles fue de $13.954.420.517,33. Sí, ¡14 mil millones de pesos de impuestos directos! A eso hay que sumarle el IVA de servicios públicos (Rubros D y E) aproximadamente $ 3 mil millones mensuales más para el fisco nacional. El fisco de la provincia de Buenos Aires carga con 14% al consumo de energía eléctrica y el de la Ciudad de Buenos Aires, un 6,383%.

    SITUACIONES NOCIVAS

    El efecto de la caída en las ganancias es diverso y dañino. En su punto extremo termina con el cierre del establecimiento.
    Pero hay situaciones nocivas intermedias.

    Las economías prósperas son las que reinvierten las ganancias de sus actividades más dinámicas. Es una actividad dinámica la que más ganancia produce y más oportunidades de crecer tiene. Una actividad madura la que, si bien es redituable, ha llegado al límite de su crecimiento. En nuestro país son dinámicos el campo, el software y algunos sectores metalmecánicos.

    La verdadera inversión es la reinversión. Es lo que realmente levanta a un país. Lo que ha hecho grande a la Argentina. Es la inversión de las personas que conocen su negocio y conocen el país o su región o su ciudad, y deciden que esa actividad, a la que se dedican, es fructífera y quieren crecer dentro de la misma.

    Otras inversiones son para dispersar el riesgo. Por ejemplo: una persona gana dinero con el engorde y su ganancia la invierte en otra actividad agropecuaria distinta o la deposita en un banco en el Uruguay para tener resto si se produce alguno de los tan habituales cambios de timón en nuestro país.

    Hay inversiones de gente que realiza una determinada actividad en su país y quiere expandirse en el nuestro. Es el caso de bodegueros franceses que se instalaron en la Argentina. Gente que se quiere mantener dentro de la misma actividad pero ha encontrado un límite de expansión en donde la realiza o quiere diversificar el riesgo país en lo suyo.

    EL RELATO

    Distinto de todo esto son las inversiones extranjeras que prometió en su momento el presidente Kirchner o cuando asumió, el presidente Macri. Esas inversiones no sacan a ningún país adelante porque vienen atadas a contragarantías, promesas de oligopolios u oligopsonios (mercados concentrados y cartelizados de venta o de compra), exenciones impositivas, regalos de tierras públicas, excepciones, precio sostén, etc. Al final, no sirven. Y nadie va a invertir en otro país, excepto para extraer oro o diamantes, cuando ve que los naturales del país no lo hacen. Las inversiones extranjeras son una fantasía (1).

    Nuestro país no necesita capitales. Necesitamos que algo de la ganancia de nuestro trabajo quede en nuestras manos y no ser en su totalidad confiscada por la casta política y sus amigos.

    Si el sector agropecuario hubiera podido reinvertir los miles de millones de dólares que los gobiernos le quitaron durante el siglo XXI tendríamos un campo próspero con reinversiones permanentes, tecnificación, imán de población, FFCC de carga, riego en las zonas actualmente áridas, mejores remuneraciones, instalaciones. Y no veríamos a los pobres 1114 trasladando, como pueden, las cosechas.

    Si durante el 2019 el campo pudiera reinvertir lo que le van a sacar de retenciones (aproximadamente u$s 8.000 millones) crecería notoriamente el Producto Bruto Interno. Nuestro campo no tiene techo.

    Sin embargo, el presidente y su séquito, decidió cobrar retenciones al campo y dárselas parcialmente a las compañías petroleras en forma de subsidios. Vaca Muerta es una actividad no rentable con los actuales precios internacionales, ya que el costo de producción es superior al precio de mercado del petróleo y del gas. Por eso las empresas le solicitan al Estado precios sostén por encima de los internacionales y subsidios y exenciones varias.

    Le vamos a sacar dinero al sector más dinámico de la sociedad que al reinvertirlo multiplicaría la riqueza del país todo, para enterrarlo (literalmente) en actividades que actúan a pérdida.

    Le sacamos al que produce riqueza y tiene capacidad para reproducirla y dar trabajo a millones de personas, para dársela a empresas extranjeras, entre ellos Bulgheroni y sus socios chinos.

    Veremos este año si las empresas petroleras le van a poner fiscales en las elecciones a Cambiemos como sí lo hizo el sector rural.

    (1) La fantasía de la inversión extranjera

  3. #3
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    La fantasía de la inversión extranjera

    Nuestro país va a volver a crecer en serio cuando los argentinos inviertan su dinero. Apenas asumió el presidente, cual vidente y futurólogo, nos anunció que las inversiones extranjeras lloverían sobre nuestro país.

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/467216-La...jera.note.aspx

  4. #4
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    12.08.2018

    Los ferrocarriles y las barcazas fluviales y la flota marítima, competitivos al camión, fueron destruidos adrede.

    Ninguna inversión vendrá hasta que no se restituya el funcionamiento de la Constitución, haya justicia y seguridad, bajen los impuestos, bajen las restricciones paratributarias (red tape).

    Los argentinos, como un todo, somos ricos. Pero ese dinero está en el exterior: en cuentas en el exterior o dólares en una lata en el baño. Están fuera. El país crecerá cuando los argentinos inviertan su dinero. Y lo harán cuando crean que les generará algún rédito y no que irá a manos de la oligarquía que nos gobierna, por confiscación impositiva, por hiperinflación o por una de las infinitas formas que la casta política ha encontrado para esquilmarnos.

    CONFISCATORIOS

    Alguna de las formas para sacarnos nuestros ingresos y nuestro patrimonio son impuestos confiscatorios y la ausencia de un sistema razonable de transporte. Esto implica que la mitad del precio del combustible son los impuestos, a lo que se suman patentes, licencias de conducción, costos exorbitantes de transferencia de dominio. Sin olvidar que la mitad del precio de cada unidad es carga impositiva.

    Los peajes constituyen una exacción conjunta entre funcionarios y los miembros de la Cámara Argentina de la Construcción. Los ferrocarriles y las barcazas fluviales y la flota marítima, competitivos al camión, fueron destruidos adrede. El transporte automotor significa una recaudación para la política, vía impuestos o vía donaciones de los concesionarios de rutas.

    Las inversiones extranjeras de las que supimos, como Chevron, las mineras (oro), parques eólicos, son casos aislados, donde el Estado argentino les garantiza rentabilidad a las empresas, o los exime de impuestos (mineras) o es un mecanismo para recibir subsidios del Banco Mundial o la Corporación Financiera Internacional.

    No estamos frente a empresarios genuinos que asumen un riesgo para su capital, se trata de amigos del poder (crony capitalism) moviéndose bajo el amparo estatal.

    FIASCOS

    La compra de una empresa no es una inversión, Si John Deere compra Pla eso no constituye una inversión para la Argentina. Es una inversión para los accionistas de John Deere y una desinversión de los accionistas de Pla. Para el total del país la diferencia es cero. Porque la cantidad de plantas fabriles, inventarios, red comercial es la misma antes y después de la transacción.

    Eventualmente habrá inversión si el nuevo dueño amplía una planta o habrá desinversión si decide unificar la red comercial y cerrar los locales.

    Otro ejemplo: cuando el gobierno anterior prohibió exportar carne, numerosos frigoríficos o quebraron o estuvieron a punto de hacerlo. Una empresa brasileña compró varios. No hubo inversión para el país porque luego de la operación los frigoríficos eran los mismos con la misma capacidad de producción.

    INVERSION NETA

    La inversión neta de un país es cuando las inversiones que hacen todos las personas y empresas es mayor al desgaste de las inversiones existentes. Si se fabrican nuevos camiones, será inversión neta si repone el desgaste de las unidades en stock. Ese mismo cálculo debe hacerse para todo otro bien, público o privado. Suelen decir ministros y secretarios "hemos pavimentado tantos kilómetros de ruta". Tal vez sólo sea mantener las ruta existentes, reponer el desgaste de la capa asfáltica natural por el uso.

    Es más, la inversión hecha puede ser menor que el desgaste, y en ese caso la inversión neta es negativa.

    En la campaña presidencial de Trump en el 2016, el candidato afirmaba que el país había dejado de invertir en infraestructura y que las rutas, los puentes, los embalses se habían deteriorado. En caso de ser cierto, eso es desinversión del estado en bienes públicos.

    La caída en el nivel de actividad que ha sufrido el país en estos últimos seis años no es sólo consecuencia de una caída en el consumo -como dicen los lobbistas de la UIA- sino por ausencia de inversiones. Tenemos menos capital, menos maquinaria, peores rutas, peores silos para incrementar la actividad total del país.

    NO LAS NECESITAMOS

    Todos los presidentes llegan y hablan de "atraer inversiones extranjeras". ¿Para qué? ¿Por qué quieren que franceses o neozelandeses o noruegos o chinos quieran poner un cobre acá?

    Si un gobierno no puede convencer a los habitantes de su país de invertir su propio dinero en la propia comunidad donde el propietario conoce a todos los jugadores, a los políticos nacionales y locales y a su eventuales clientes, ¿por qué habría de invertir alguien que, además, debe agregar la incertidumbre de un medio desconocido?

    Y los argentinos no invierten justamente porque conocen la situación.

    Saben que un Gobierno fijará un tipo de cambio real que devaluará o apreciará. Inventará nuevos impuestos, no devolverá adelantos impositivos. Con el riesgo de que la AFIP o ARBA embargue la cuenta, que le roben la carga unos piratas del asfalto o que le hagan un juicio laboral y lo mande a la quiebra. Seamos serios, ¿quién puede querer invertir?

    Por todos estos problemas es que quien tiene alguna capacidad de ahorro prefiere tener dólares en su casa o en Uruguay a poner un local o una fábrica de chacinados. Hoy sólo siguen quienes tienen un establecimiento cuyo costo de deshacer lo hecho es mayor que continuar.

    El secreto para que salgamos adelante no es que Toyota ponga una superplanta (lo que es bienvenido), sino que miles de personas decidan poner cada uno un comercio minorista. Significa compra de stock, remodelaciones, estanterías, luminarias, pintura. Que un productor agropecuario decida hacer aguadas o poner riego, o que el tambero invierta para fabricar queso. Que una cooperativa de té decida comprar barcazas para bajar su producción hasta un puerto exportador.

    Por lo que creo que si alguna vez salimos de este estancamiento es con los miles de millones de dólares en poder de argentinos. Olvídense de ser genuflexos ante los extranjeros. Desconfíen de todo presidente o funcionario que habla de inversiones extranjeras. Si lo hace lo único que pretende es canjear privilegios o exenciones impositivas al inversor a cambio de un incremento de su patrimonio personal.

    Sólo es creíble quien entienda que debe mejorar las condiciones para que inviertan quienes estamos acá. Cuando uno plantea esto, los funcionarios (anteriores y actuales) rápidamente salen con subsidios o créditos a tasas blandas o regímenes especiales para pymes. Los funcionarios sólo hablan de flujos de dinero en los que ellos deciden y por lo tanto pueden pedir una parte.

    No.

    PROPUESTAS

    Lo que los argentinos necesitan para invertir es bajar impuestos, eliminar reglamentaciones (red tapa), limpiar Aduana y AFIP, combatir la delincuencia común y mejorar el transporte. Que los gobiernos se dejen de jugar a "anclar" el dólar para frenar la inflación (Martínez de Hoz, Kicillof, Sturzenegger) o mandarlo a la estratósfera para licuar las obligaciones del estado.

    Si las señales son las correctas, quienes primero van a invertir somos nosotros. Y es tanto, tanto, el dinero que los argentinos tienen, que no necesitamos dinero de nadie.

    Con cuatro o cinco medidas y despegamos con pleno empleo, inversiones masivas y sin interferencia extranjera. Argentinos creando riqueza para argentinos. Una nueva era de oro que puede durar décadas.

  5. #5
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    Los sindicatos fueron cómplices de la demolición del pleno empleo

    Es hora de desandar el camino perverso que impuso en la Argentina el globalismo.

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/473032-Lo...pleo.note.aspx

  6. #6
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    01.02.2019

    El trabajo privado hace años que no crece en la Argentina. El pleno empleo dignifica a las personas, les da libertad, genera una cultura pequeño burguesa que consiste en bañarse todos los días, cumplir horarios, administrar el propio dinero, tener lealtad con personas, tareas, lugares, edificios, soñar con hacerse una casa. El pleno empleo hoy no es política de estado ni es peticionado por el sindicalismo.

    Eramos una sociedad con pleno empleo, con trabajadores orgullosos cuando no arrogantes, calificados, sindicalizados, con escuelas de oficios dentro y fuera de las plantas. Hoy nos hemos desindustrializado, con un tercio de su población que trabaja en negro, y sufrimos el crecimiento vertiginoso del lumpenaje (informalidad).

    Escalones al infierno:

    - Mercosur (1).
    - Planes sociales (2).
    - Carga impositiva.
    - Contrabando.
    - Inmigración.
    - Desmantelamiento de Fabricaciones Militares, FFCC, astilleros y escuelas de oficios.

    El empleo privado no crece porque la actividad privada está estancada gracias a altos impuestos, tipo de cambio retrasado y un sistema laboral que dinamita el pleno empleo, desampara al trabajador en vez de protegerlo y mantiene un tercio de ellos en la intemperie más absoluta y desesperanzadora.

    La consecuencia fue la demolición del sindicalismo y de la moral del trabajador.

    Igual proceso se vivió en Gran Bretaña (en particular los mineros del carbón), Estados Unidos, Francia y parcialmente, Italia. Esos trabajadores desplazados constituyeron el núcleo duro del votante de Trump. Paradójicamente el sindicalismo apoyó a su opositora. En GB, durante el referendo para quedarse o irse de la Unión Europea, los trabajadores votaron Brexit y el sindicalismo apoyó permanecer.

    MERCOSUR

    La herramienta para desindustrializar la Argentina fue el Mercosur. Este se convirtió en la garantía de poder trasladar una fábrica a Brasil, y, aún así, abastecer el mercado argentino.

    Las empresas emigraron. Desmontaron fábricas de calderas, equipos de refrigeración, plantas automóviles, maquinaria agrícola, petroquímicas, calzado, marroquinería, textiles, motores, perfiles, etc.

    El sindicalismo argentino nada dijo sobre lo que constituyó la partida de defunción del pleno empleo, del empleo calificado y bien pago. No sólo perdieron los trabajadores, también perdió poder el sindicalismo.

    PLANES SOCIALES

    Existen para controlar y debilitar al sindicalismo al hacerles perder el monopolio de la representación de los trabajadores. Cobrar un plan requiere que la persona no tenga un trabajo formal. Si lo obtiene, lo pierde. Es un incentivo para que no busque trabajo. Es perverso.

    Los planes sociales son un invento socialdemócrata, importado a la Argentina desde Europa y Estados Unidos, impuesto por el Banco Mundial.

    A lo que hay que sumar un invento reciente: la economía social, donde unos granujas abusan de las personas que cobran planes y los hace trabajar sin los beneficios del trabajador formal ni las medidas de seguridad acordes a la tarea. No pagan impuestos, ni cargas sociales ni cumplen con las reglamentaciones. Constituyen competencia desleal para los empresarios que invirtieron y retrotraen a los trabajadores a un siglo atrás, a 1918, sin leyes laborales. Todas esas personas son afiliados que el sindicalismo pierde. Peor aún, gran parte de lo producido es adquirido por el Estado en compra directa sin licitación. El sindicalismo nada dijo.

    LA CARGA IMPOSITIVA

    La carga impositiva argentina destruye inversiones y empleos. Los industriales y comerciantes no invierten porque ponen a riesgo su capital mientras el beneficio queda para el Estado.

    Los impuestos provocan que el dinero le rinda menos al trabajador. De un sueldo de $ 50.000, percibe $ 41.500. Si gasta $ 5.000 en el almacén, $ 2.500 son productos y $ 2.500 son impuestos. Paga $ 50 un paquete de fideos, de los cuales $ 25 van al Estado. El sindicalismo nada dijo.

    EL CONTRABANDO

    Es competencia desleal para quien invierte, asume riesgos y trabaja; para empresarios y trabajadores por igual. Básicamente ingresan baratijas chinas o pakistaníes. No se trae calzado o ropa fina de calidad de Inglaterra o Italia sino rollos de telas para ser procesados en talleres clandestinos o talleres de la economía social. La carga impositiva argentina es demencial. El contrabando pega bajo la línea de flotación a quienes sobreviven y deja a miles sin trabajo o los condena a la intemperie. El sindicalismo nada dijo.

    LA INMIGRACION

    En la Argentina no crece el empleo privado. Sin embargo ingresan 250.000 extranjeros anualmente, tanto en los dos mandatos de Cristina Fernández como en el actual gobierno. Tenemos una historia de apertura a la inmigración.en un país que creció ininterrumpidamente por más de un siglo. La Argentina SXXI no tiene empleo que ofrecer ni a propios ni a extraños. Entonces, ¿por qué hay inmigración?

    La casta política no genera condiciones para que crezca la actividad económica pero sí toda suerte de incentivos a la inmigración, estimulada por dinero ad hoc del Banco Mundial, acorde al Global Compact.

    Si creciéramos, esos brazos serían una bendición. Hoy sólo constituyen competencia desleal. El orden debería ser: reactivar la economía y ahí recién incentivar la inmigración (con excepción del desastre venezolano).

    La casta política toda votó en 2003 la Ley 25.871 (Política Migratoria) redactada por el CELS, una fundación que recibe financiación del exterior, al servicio de sus mandantes y no del pueblo argentino. El sindicalismo nada dijo.

    FABRICACIONES MILITARES

    Después de la Guerra de Malvinas, todos los gobiernos desmantelaron o vaciaron Fabricaciones Militares. Menem malvendió empresas. Cristina Fernandez colocó ineptos en las restantes y Macri quiere cerrar plantas e importar.

    Fabricaciones Militares e YPF proveían productos químicos -materia prima para el complejo industrial-, reemplazados hoy por importados de Alemania, Australia o China. Es una pérdida de puestos de trabajo, un riesgo estratégico, y afecta a nuestra balanza comercial.

    Asimismo prácticamente se desmantelaron las escuelas de oficios de la FFAA que capacitaban al personal propio y a personas que luego se incorporaban al mercado de trabajo como soldadores, mecánicos, electricistas, etc. Excepto tímidamente ATE, el sindicalismo nada dijo.

    FFCC

    El cierre de los ferrocarriles empezó en el gobierno de Frondizi para facilitar la instalación de la industria automotriz. El golpe de gracia fue el plan Brady. Nadie se opuso. Ni el sector agropecuario, principal damnificado, ni, con fuerza, el sindicalismo. Quedarnos sin FFCC le rompió la espina dorsal al país.

    SINDICALISMO DEL SIGLO XXI

    Necesitamos un nuevo sindicalismo, que defienda el pleno empleo. Que entienda que Occidente pelea entre el globalismo y la defensa del Estado Nacional. El pleno empleo implica buenos salarios por simple juego de la oferta y la demanda.Lo primero que debe hacer -la ley es pareja para todos- es que si un trabajador se jubila a los 65 años, la misma suerte debe correr su representante, el sindicalista.

    PROPUESTAS

    El sindicalismo debe ingresar al Siglo XXI y exigir políticas de:

    - pleno empleo.
    - buenos sueldos.
    - que todos los trabajadores estén en blanco.

    Para eso hay que:

    - bajar impuestos.
    - Irse del Mercosur.
    - mejorar fletes.
    - eliminar todos los impuestos al trabajo.
    - exigir a las autoridades un tipo de cambio alto, única defensa válida para el trabajo argentino (todas las defensas legales son inefectivas).
    - combatir el contrabando.
    - derogar la ley 25.871 y volver por default a la ley anterior. Escenario de máxima: hacer una buena ley, teniendo en cuenta las restricciones a la inmigración que propuso el Presidente Perón en el Plan Trienal de 1974.
    - rediseñar los fueros laborales.
    - recuperar los FFCC y la flota.
    - recuperar fabricaciones militares.
    - recuperar la capacitación industrial, tanto en las FFAA como en escuelas de oficios.

    Para eso necesitamos un sindicalismo que entienda los problemas presentes y futuros que enfrenta el país, y que defienda al trabajador. El globalismo ya se llevó puesto al sindicalismo argentino y con él a todos los trabajadores. Es hora de empezar a desandar el camino.

    (1) http://www.laprensa.com.ar/471450-Ha...osur.note.aspx
    (2) http://www.laprensa.com.ar/467596-El...ales.note.aspx

  7. #7
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    Ha llegado el momento de irnos del Mercosur

    Desde 1983, la Argentina está intervenida por la socialdemocracia global.

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/471450-Ha...osur.note.aspx


    09.12.2018

    La Argentina está intervenida desde el año 1983. La Argentina está intervenida ininterrumpidamente por la socialdemocracia, en particular, la socialdemocracia europea, desde el año 1983. Tal vez sea el correlato de perder la Guerra del Atlántico Sur (Malvinas).

    La Constitución de 1853 establece que la Argentina es una Nación soberana libre de relacionarse con otras. En las últimas décadas se consolidó en Occidente otra forma de interacción, distinta, que busca suprimir a las naciones y reemplazarlas por organismos supranacionales. Se consolidó como el orden dominante a partir del presente siglo.

    Está dirigido por una alianza integrada por las empresas multinacionales, los grandes bancos, las burocracias tanto de cada país como de los organismos supranacionales, la totalidad de la prensa, los artistas y las jerarquías universitarias (la Academia). Lo que Nigel Farage denomina el establishment.

    Todos ellos han montado un andamiaje cultural que denigra a las personas que aman su bandera, su himno, sus costumbres. La élite los trata de ignorantes y brutos. Dominan Occidente.

    En nuestro país - al igual que en otros - hay consecuencias claras: a) la Argentina no es libre de firmar un tratado de libre comercio sin contar con el consentimiento del Mercosur, esto es, de Brasil; b) la Argentina ha delegado en el CIADI, un tribunal que depende del Banco Mundial, la mediación de algunos conflictos entre el Estado y empresas privadas.

    EL MERCOSUR

    El Mercosur se comenzó a gestar durante el gobierno de Alfonsín. La propaganda, en su momento, era que nos abriría mercados con su consecuente prosperidad. Lejos estuvimos de tan nobles objetivos.

    Se construyó una gran muralla arancelaria que hace imposible, para los ciudadanos de los países integrantes, importar nada del mundo exterior.

    Esta barrera fue lo que necesitaban las grandes empresas multinacionales para abandonar la Argentina y mudarse a Brasil sin perder el mercado argentino. Este último punto es extremadamente importante.

    La Argentina se quedó sin industrias, porque hubo una masiva mudanza a Brasil. Al quedar sin industrias propias, lo lógico es que pudiéramos importar del mejor postor, y así abaratar nuestros costos, tanto de insumos si queda alguna actividad en pie o de productos de consumo para abaratar nuestro costo de vida. No.

    La Argentina, que era un país industrial, ya no lo es, sigue comprando productos de mala calidad -brasileños- y a precios el doble de los internacionales para proteger a las industrias extranjeras que decidieron instalarse en Brasil y a los industriales paulistas.

    El Mercosur, claramente, fue la campana de largada para implementar un plan que se dio en simultáneo en varios países de Occidente. Fue premeditado, como supimos al iniciarse las reuniones de Davos.

    El objeto era bajar la demanda de trabajo en los países altamente sindicalizados: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Argentina -para quebrarle la moral y el espinazo a los distintos sindicatos- y trasladar esas empresas a otros de baja o nula cultura sindical: Singapur, Bangladesh, Pakistán, India, China, México, Brasil.

    Esto implicó cierre de fábricas y pérdida de la moral de personas altamente calificadas y la mejora material de personas que eran extraídas de la pauperización más abyecta.

    Fue publicitado como incorporación de personas al círculo virtuoso del capitalismo. Nada se dijo de la destrucción moral y física de poblaciones enteras de países otrora civilizados. Tal vez quien más sufrió este ataque al trabajador sindicalizado fue Estados Unidos -de las localidades de donde luego surgirían los votantes de Trump- pero no fue distinto en otros lugares. Localidad enteras desahuciadas en el noreste de Francia, en el norte de Inglaterra y en el conurbano argentino.

    La promoción del gobierno brasileño fue desenfadada: exenciones impositivas, regalo de tierras para radicación, tarifas subsidiadas, créditos blandos. Brasil devaluó en 1999 y le avisó a nuestro ministro de economía un día antes. Así no actúa un socio.

    DECADENCIA

    La Argentina importa hoy productos de sencilla factura, como la pasta dentífrica o el shampoo, que contaba con fabricación nacional desde hace más de un siglo. El país más pulcro de América, que hizo obligatorio la instalación de bidet en las viviendas hace un siglo, le compra sus -carísimos- artículos de tocador a un país que incorporó su uso décadas después. Eso se llama decadencia.

    De todos los arreglos el más oprobioso es el del mercado automotor. Las terminales deciden qué modelos y cuántas unidades hacen en cada país. Nos obligan a comprar modelos antiguos de VW al doble del precio de modelos modernos de la misma marca en Alemania.

    El déficit con Brasil desde 2003 supera u$s 55.000 millones acumulados, la mayor parte debido a la importación de automóviles. Gran parte de nuestra deuda se justifica únicamente con el desastre del manejo del mercado automotriz.

    ¿Qué obtuvo la Argentina a cambio? En Europa cada país reservó una actividad para su protección. Por ejemplo, Dinamarca coloca toda su producción láctea y de derivados en la UE a cambio de comprar productos del resto.

    Nada de eso ocurrió. La Argentina y Uruguay hubieran podido ser los proveedores de lácteos y convertirse en industrias gigantes de importancia internacional. No. Brasil desarrolló su propia industria. En maquinaria agrícola, Argentina, con una experiencia tan antigua como la norteamericana, que data de fines del siglo XIX, hubiera podido ser la gran proveedora del boom brasileño de producción de alimentos. No. Instalaron sus propias plantas, las más de las veces con ingenieros argentinos.

    Nada quedó para la Argentina. Acá se cerró todo. Brasil tuvo y tiene una política monetaria agresiva para hacer competitivas sus exportaciones (lo que yo reclamo para nosotros (1). Por lo tanto no sólo se fueron las empresas multinacionales sino que fueron cerrando, por no poder competir, las propias.

    VAMPIRISMO

    El Mercosur nos impide comprar insumos baratos, por los altos aranceles, y no nos provee ningún mercado de exportación. Por lo que ni podemos ser competitivos en nuestros costos, ni tenemos mercados para colocarlos. Brasil, cual vampiro, nos succionó la capacidad instalada.

    Esta destrucción del aparato productivo sólo fue posible por la activa colaboración de funcionarios argentinos, que acompañaron paso a paso esta degradación. Tampoco los sindicatos protestaron, ¿a cuántos escucharon hablar contra el Mercosur?

    La migración de industrias fue masiva en Occidente. El único país que no aceptó ni implementó ese proceso fue Alemania.

    Como nota adicional, no seamos ingenuos respecto a la agresión que sufre una de las grandes multinacionales argentinas. No sea que detrás de ello hay un interés en comprarle activos a precio vil o degradar una de las pocas industrias que nos quedan.

    Ha llegado el momento de irnos del Mercosur. Pagamos aranceles altísimos no para proteger a la industria argentina, que ya casi no existe, sino para proteger a la brasileña. Nos suben artificialmente los costos y no participamos en ningún beneficio. Para peor el acuerdo, a diferencia del europeo, no nos ha dado a cambio la exclusividad en ningún rubro.

    Si Brasil no compra nuestra maquinaria agrícola, nosotros no tenemos por qué comprar sus horribles y caros automóviles.

    LA REACCION

    En los últimos años hubo rebeliones de los pueblos perjudicados por este orden socialdemócrata. Brexit en Gran Bretaña (junio 2016), Trump en Estados Unidos (octubre 2016), Liga-5 Estrellas en Italia (junio 2018): los pueblos relegados dijeron No. No sabemos cómo evolucionará el descontento francés.

    La Argentina, en agosto de este año, dijo No ante una imposición socialdemócrata: el abortо.

    Es hora de decidir sobre nuestros intereses: recuperar los ferrocarriles, la educación, pertrechar a las Fuerzas Armadas, dejar trabajar en paz a las fuerzas de seguridad y echar a todos los jueces abolicionistas.

    Decir No al Mercosur y lanzarse a conquistar mercados por el mundo que construyeron nuestra otrora Argentina Próspera.

    (1) http://www.laprensa.com.ar/471226-El...tivo.note.aspx

  8. #8
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    El Senado ha traicionado al país productivo

    En lugar de declamar federalismo, los representantes de las provincias deberían exigirle al Poder Ejecutivo un tipo de cambio alto y estable.

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/471226-El...tivo.note.aspx



    01.12.2018

    Un tipo de cambio alto favorece las exportaciones. Un tipo de cambio bajo, las desestimula. El tipo de cambio (1) es el precio de la divisa extranjera. Cuanto más alto es, menor costo en dólares tiene un producto local. Facilita su colocación en mercados externos.

    La producción argentina sufre una serie de dificultades que han sido repetidamente detalladas desde esta columna. Estas trabas son impuestas por los diferentes gobiernos municipales, provinciales y nacional, lo que impide a los argentinos prosperar con su trabajo.

    Este estado de cosas es posible gracias a la distracción permanente (desde 1930 a la fecha) del Poder Judicial (2) que hace caso omiso a las innumerables imposiciones que hacen los políticos a las personas que trabajan, con impuestos confiscatorios, adelantos impositivos e innumerables trabas burocráticas, verdaderas cargas públicas no votadas por el Poder Legislativo. Las horas que los burócratas de la AFIP, ARBA, SENASA y otros organismos nos fuerzan a pasar frente a los sitios informáticos para doblegarnos a sus caprichos son violatorios de los arts. 17 y 52 de la CN “Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley” y “A la Cámara de Diputаdos corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes sobre contribuciones…”.

    OBSTACULOS

    Los obstáculos que los productores deben enfrentar y que impiden el progreso de la Nación son conocidos pero corresponde enumerarlos: a) los altos impuestos, b) los abusos de la burocracia impositiva; adelantos, retenciones, percepciones, trámites disparatados, c) el costo del flete, d) la ausencia de crédito, e) los impuestos laborales - la diferencia entre lo que el empleador abona y lo que el trabajador percibe - , f) la inestabilidad del tipo de cambio.

    Un tipo de cambio alto permite sortear todas estas vallas que empeñosamente crean los gobernantes. No lo hacen de ignorantes. Cada barrera, cada estorbo es una oportunidad de soborno o de generar un quiosco para la casta política.

    La Argentina necesita imperiosamente resolver estos seis puntos. Mientras éstos se mantengan, mientras la presión fiscal sea insostenible, mientras el transporte (3) sea un negocio de los miembros del Club de la Obra Pública (casi todos ellos procesados por el Juez Bonadio), todo lo que hagamos serán paliativos y en el peor de los casos placebos.

    EL MODELO CHINO

    Pero mientras resolvemos las cuestiones de fondo, debemos exportar. Y para hacerlo, es imprescindible tener el tipo de cambio alto. No es una novedad. China sostiene un tipo de cambio alto como política económica y política de Relaciones Exteriores desde hace décadas. Alemania se adueñó de la Unión Europea y tiene saldo de comercio exterior positivo con todos los otros estado-miembro de la UE gracias a su política de tipo de cambio alto. Estados Unidos tiene un crónico déficit de balanza comercial por su política de tipo de cambio bajo.

    Hay productos de exportación que toleran tipos de cambio bajos, transportes malos, inseguros y caros e impuestos confiscatorios. Por ejemplo: el poroto de soja, sus derivados, pellets, aceite y biodiésel. Pero para el resto, todo el resto, su rentabilidad depende de todas las variables enumeradas y en particular, del tipo de cambio.

    En resumen, la productividad total del país depende del tipo de cambio.

    Un tipo de cambio bajo combinado con altos impuestos y fletes puede volver inviable la producción de ajo de Mendoza, del aceite de oliva de Catamarca, de los maníes cordobeses, de los porotos y garbanzos salteños, del algodón formoseño o de la madera correntina. Y por supuesto, todo producto industrial.

    Un tipo de cambio bajo condena a la pobreza y/o a la miseria a millones de argentinos. ¿A cuáles? A los del interior. Los políticos luego hacen demagogia repartiendo planes entre las mismas personas a las que someten - arbitrariamente - a la imposibilidad de generar su propia prosperidad.

    EL QUID

    ¿Por qué los políticos reiteradamente buscan un tipo de cambio barato? Desde Martínez de Hoz con la Tablita todos los gobiernos (Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner, Fernández, Macri) comenzaron con un tipo de cambio alto, que les permitió exportar y llenar de dinero el Tesoro para lentamente - o no tanto - deslizarse a un tipo de cambio artificialmente bajo. ¿Por qué lo hacen? Porque el tipo de cambio bajo favorece a las personas que viven en las grandes urbes, en particular al Conurbano bonaerense y a la ciudad de Buenos Aires.

    El tipo de cambio bajo es una transferencia brutal de riqueza desde el interior del país a los centros urbanos. Como los que toman decisiones en la Argentina son justamente los receptores de ese dinero, se regodean en su propio poder, la codicia los ciega y terminan convirtiendo en inviables actividades productivas y lucrativas.

    PROPUESTAS

    1 - Requerir a los gobernantes un tipo de cambio alto y sostenido.

    Por décadas. Los políticos aducirán que un tipo de cambio alto implica alimentos caros y que así se sumirán millones de compatriotas en la pobreza. Es una mera excusa para convalidar sus exacciones. El retruque es sencillo: la mitad del precio de los alimentos son impuestos. El segundo gran costo es el flete (3). El tercero en magnitud es provocado por la cartelización de la comercialización minorista. Para que los alimentos sean accesibles hay que: eliminar todos los impuestos a los alimentos (IVA, IIBB, tasas de seguridad e higiene), al combustible y eliminar los peajes .

    Las autoridades del BCRA son elegidas por el presidente pero deben ser aceptadas por el Senado. El interior debería tener injerencia fundamental en la política cambiaria ya que es el principal perjudicado si ésta es errónea. Asimismo es el Congreso (y no el Poder Ejecutivo) el responsable de la estabilidad monetaria - la inflación -. Por lo tanto los senadores deben exigir al Poder Ejecutivo el nombramiento de autoridades del Banco Central que protejan un tipo de cambio acorde a los intereses del interior. Es lo que la Constitución Nacional prevé. La prescindencia de los gobiernos provinciales y de los senadores es incomprensible e inaceptable.

    2 - Instaurar mecanismos para que el tipo de cambio sea alto y estable.

    Lo primero que debe hacer el BCRA es no intervenir en el mercado por ninguna razón. En ese caso todos los que deseen poseer dólares (o cualquier otra divisa) deberán comprárselo a quienes estén dispuestos a venderlas, básicamente adquirírselos a los exportadores, a los turistas que visiten la Argentina, y a quienes - por alguna extraña razón - deseen traer sus ahorros del exterior. Sus compradores serán: los importadores, quienes viajen al exterior, quienes ahorren en dólares y quienes giren dinero al exterior, ya sea para enviar dinero a sus familias o que depositen su dinero en cuentas en el extranjero. El BCRA no debe comprar o vender dólares de sus reservas. Por definición, dado que es un esquema que se compensa por sí sólo, entre compradores y vendedores decidirán cuál es el tipo de cambio que iguale las cuentas. Esto se denomina tipo de cambio de equilibrio. Para que sea alto, debe ser por encima de ese valor. La solución es sencilla en lo técnico y difícil en lo político: que el estado no tome más créditos externos (que aumentan la oferta de divisas) y sí comience a repagar la deuda pública con ingresos genuinos - no con emisión -. Esto aumentará la demanda de dólares y mantendrán el tipo de cambio alto.

    Con estas medidas se logrará la reactivación de todas las economías regionales y comenzará un camino de prosperidad de las provincias argentinas. Nuestra Constitución es federal. Quien primero debe exigirlo es nuestra Cámara de Senadores.

    El federalismo no se declara, se ejerce.

  9. #9
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    El mito de los planes sociales

    El sistema de asistencialismo social fue una imposición de los organismos supranacionales. Empezó con un sistema excepcional de indemnizaciones. Eso debió estar acompañado de medidas complementarias que no se hicieron

    Iris Speroni
    * Licenciada de Economía UBA, Master en Finanzas, Ucema. Posgrado Agronegocios, Agronomía UBA.

    http://www.laprensa.com.ar/467596-El...ales.note.aspx



    26.08.2018

    La peculiaridad de los planes sociales en la Argentina la constituye la existencia de intermediarios. Es un sistema perverso.

    El Estado argentino reparte miles de millones de pesos a toda suerte de gente y empresas. Este gobierno le dio miles de millones de pesos a la industria petrolera, por ejemplo. Sin embargo, atrae más la atención los subsidios a individuos o familias.

    Varios economistas hablan de la inflexibilidad del gasto social. Usan un argumento que hemos escuchado ad nauseam: el gasto público no se puede bajar porque afecta al eslabón más débil.

    Es la misma fórmula extorsiva que ha utilizado tanto el Club de la Obra Pública como la UIA por años: "me tocan privilegio X y entonces tengo que dejar 2.000 operarios en la calle".

    La Argentina vivió casi 180 años sin planes sociales. Los últimos cien de esos ciento ochenta años fueron de pleno empleo, por consiguiente con salarios altos y capacidad de ahorro para los trabajadores.

    La red de contención social fue promovida por el Banco Mundial dentro del Plan Brady. Burócratas de escritorio decidieron que la contrapartida del desguazamiento de las empresas del Estado debía ser compensar a las familias con subsidios.

    No es un invento de ningún partido argentino. Buscamos causales endógenas en la creencia de que somos únicos en el universo. A veces, no.

    El sistema de asistencialismo social fue una imposición de los organismos supranacionales. Empezó con un sistema excepcional de indemnizaciones. Eso debió estar acompañado de medidas complementarias que no se hicieron. Empleados de 30 años de Somisa o Entel dilapidaron su indemnización en remises o quioscos de golosinas. Una desinversión colectiva que afectó las finanzas de las familias.

    ¿TRABAJAR?

    Los experimentos del BM continuaron tímidamente con las manzaneras hasta que se consolidó en los planes Trabajar. Básicamente consisten en una suma de dinero fija, mensual y consecutiva que el Estado Nacional otorga a individuos o familias por tiempo indeterminado, generalmente con renovaciones anuales o semestrales, con o sin contraprestación, a veces complementados con entregas en especie (bolsones de comida). El beneficiario suele ser una persona en dificultades económicas o pretender serlo.

    Los organismos internacionales lo replicaron en Europa a partir del siglo XXI. Allá los beneficiarios suelen ser jóvenes desempleados, grupos determinados (artesanos, granjeros, ancianos sin seguridad social) y en los últimos diez años, en forma masiva, los inmigrantes. Un inmigrante ilegal italiano recibe 500 euros mensuales además de recibir vivienda.

    En Estados Unidos el sistema de food stamps (cupones para comprar alimentos) alcanza a los 39 millones de personas. El gobierno de EEUU festejó la baja de dos millones de beneficiarios respecto al año pasado. En el peor momento (crisis del 2008) llegaron casi a cincuenta millones de beneficiarios.

    Los economistas argentinos insisten que el gasto social es inflexible. Es una excusa para defender este gasto en competencia con otros. La frase inmediata posterior es alguna sugerencia para subir impuestos y, menos frecuente, buscar otra víctima de recorte.

    INTERMEDIARIOS

    La peculiaridad de los planes sociales en la Argentina la constituye la existencia de intermediarios. No es una relación del beneficiario (ya sea como individuo o en representación de su familia) con el Estado, como en los casos europeos, canadienses o de Estados Unidos, sino que existe un gestor.

    Estos son varios: la Iglesia, el puntero del barrio, el intendente, algún líder de una agrupación social. Son quienes deciden si una persona está o no en una lista que entrega al Estado. La personas no puede acudir directamente o tiene pocos y difíciles caminos para hacerlo. El intermediario es el que queda, ante los ojos del beneficiario, como el dador de la gracia. Los criterios para merituar el beneficio son difusos, lo que permite la arbitrariedad del funcionario. Esto resalta la figura del gestor que convence al burócrata.

    Es un sistema perverso, porque el dinero es del Estado, por lo tanto de los impuestos. Sin embargo no genera ningún vínculo de lealtad entre el beneficiario y el Estado, o entre el beneficiario y la ciudadanía que es la que financia el sistema. La única lealtad es para con el intermediario.

    DAÑOS

    El principal daño que produce este sistema en todos los países donde se lo aplica es que obliga a las personas a la informalidad económica. En efecto, la mayoría de las veces, la entrega del beneficio es bajo la condición de que la persona no trabaje. Si trabaja, lo pierde. Por lo que suele ser un complemento del trabajo en negro. La persona no se anima a tomar un trabajo formal, aunque sea una mejora económica, porque el beneficio es seguro (por un año, por un semestre) y todo nuevo empleo de baja calificación es un albur.

    Congela a la persona en la changa de baja calificación. No sólo no tiene un trabajo: no aprende un oficio. Estas son las consecuencias de las ideas geniales inventadas por un burócrata en un escritorio del Banco Mundial o en Bruselas o en la secretaría de Agricultura de Estados Unidos, copiadas acríticamente por los aventureros locales.

    Tampoco podemos obviar que si bien estos planes son un perjuicio para los supuestos beneficiarios en el mediano o largo plazo, son un negocio fenomenal, en dinero y en poder, para toda una pléyade de mediadores de diverso pelaje. Dios proteja a la gente humilde de los burócratas.

    Hablemos de Dinero

    A pesar de una situación excepcional de los precios de los productos exportables que vivimos al principio del presente siglo, una porción de la población argentina se congeló en la pobreza e indigencia. Tal vez no a pesar de los planes sino por la existencia de los mismos. Pero eso hay que probarlo.

    La UCA publica un informe sobre pobreza e indigencia, que usa de documento base para reclamar la supervivencia de los planes. Desconfío de dicha publicación por diversas razones que no trataré ahora. Sí digo que el documento es un alegato para un pedido donde la Iglesia es parte y no un tercero independiente.

    En segundo lugar, pobre es una definición arbitraria. EE.UU. tiene millones de pobres y millones de planes. Mientras Guatemala no tiene ningún plan de asistencia. Argentina tiene un porcentaje de pobres mayor que Bolivia, por ejemplo. ¿Por qué? Porque Argentina y Bolivia definen pobre de manera diferente.

    Sean o no fidedignas las estadísticas en circulación, es cierto que existe una gran parte de la población en dificultades y que sería criminal cerrar todos los planes sociales sin un programa alternativo para que la gente pueda salir adelante. Que no es justamente la situación actual.

    Propuesta

    La mayor parte del beneficio las familias las aplican a la compra de alimentos, cubriendo las restantes necesidades con ingresos ocasionales o complementarios.

    La mitad del costo de todos los alimentos la constituyen los impuestos directos e indirectos. Como medida inmediata, con el objeto de evitar actualizaciones monetarias a los diferentes beneficios, jubilaciones y pensiones propongo una brutal baja de impuestos.

    * Eliminar IVA y el impuesto a los Ingresos Brutos a los alimentos de todo tipo.
    * Eliminar IVA e IIBB a los forrajes.
    * Eliminar IVA, IIBB e impuestos internos al gasoil.
    * Eliminar ABL a los almacenes, verdulerías, carnicerías de barrio.
    * Eliminar todo tipo de impuesto a los servicios (gas, luz, agua).
    * Eliminar el pago de peajes al transporte de alimentos.

    Efectos:

    a) Duplicará el poder de compra de beneficiarios de planes, asalariados, jubilados y pensionados por caída del precio final de los alimentos.
    b) El Estado no tendrá que actualizar por inflación los montos a pagar ya que el índice de inflación minorista será negativo, al menos por unos meses.
    c) Redundará en una reactivación del comercio minorista familiar.

    Va de suyo que una baja de impuestos implica no sólo menores erogaciones por beneficios sociales, sino menores ingresos fiscales. Esa diferencia la deberá poner la política.

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